Escribir duele

Duele porque me hace pensar

en lo que no anda bien.

En cálidos veranos convertidos en inviernos

o en memorias que a su paso recuerdan lo pérdido

y como todo ha caido en un abismo.

Escribir da sabiduría.

Trae a la superficie tesoros escondidos

o cofres vacíos de oro y diamantes

pero lleno de luces

únicas y esplendorosas,

radiantes e iluminadoras

que dirigen a los corazones perdidos.

Escribir encierra.

Expone al universo ideas

que luego quedan confinadas

a los límites de la tinta o el carbón,

sin más ni menos

en papeles o pantallas,

quedan eternamente plasmadas.

Escribir libera.

Libera emociones, sentimientos

risas y lágrimas

desánimos y esperanza

inventos e historias

soledad y amor.

Libera el alma.

Una voz silenciada por miedos y fantasmas

Liberada por la esperanza de ser leída

y nuevamente cobrar vida.

Porque al adentrarse y abrirse en mentes ajenas

germinan revelaciones

y despiertan sentidos

mostrando a su paso

cuartos por arreglar,

pasadisos por iluminar

y caminos por recorrer.