Sentada, me decido a plasmar físicamente esos recovecos inexplorados de mi ser.

Explorando su contenido, caóticos y misteriosos algunos

Pacíficos y artísticos otros,

Como la variable constante de un amor inexplicable unía estratégicamente cada esencia.

Y como esa electrícidad fervorosa intrigaba mis sentidos.

y sobre analizando metáforas a dibujar

intento recordar las cuatro líneas que al despertar soñaron un deseo.

El deso materializado en estos instantes donde me detengo a pensar

y exteriorizar lo que hay dentro de mí.

No,

no recuerdo las líneas,

pero sí recuerdo que una línea hablaba del viento

y otra del cielo.

De como hoy decidí sentarme a plasmar físicamente esos recovecos en mi interior,

pensamientos interrumpidos por la brisa que me exponía con sutileza

la velocidad con la que vivía.

Como el pasado rápido quedaba atrás

y cuán delicioso es recibir con ansias ese futuro convertido en presente.

Recuerdo el cielo,

y las nubes.

Como el cielo nunca es el mismo

y las nubes siempre tienen una historia que contar.

Que si con tiempo y admiración las observamos

no tardarán en mostrarte sus maravillas.

Y por último recuerdo un debatir.

El fabuloso debatir del tiempo.

Si mirar el pasado era bueno o malo,

si era beneficioso de alguna manera.

Y si realmente había retrocedido a historias pasajeras

con el momentum de revivir algo nuevo.

Concluí que no había retrocedido,

sino que había vuelto a casa.

A ese lugar donde te sientes a gusto

confiado y amado.

No fui a añorar lo que una vez fue,

sino que regresé a ser lo que simplemente soy.